ARTES MARCIALES…¿SON EFECTIVAS?

 In Choy lee fut/wu shu, Filosofía/desarrollo personal

Las artes marciales fueron creadas con una finalidad muy clara y definida; ser efectivas en combate. Todos sus movimientos y técnicas, sus teorías y métodos de entrenamiento iban dirigidos a ser eficaces en una pelea real. No en un ring, no como un deporte o respetando una serie de normas. Fueron diseñadas pensando en un tipo de conflicto en el que todo valía y en el que el principal objetivo era hacer el mayor daño posible al rival, y que este nos hiciese el menor daño posible a nosotros.

Todas las civilizaciones del mundo desarrollaron sus «artes marciales». Podían ser más o menos extensas, con mayor grado de sofisticación , con o sin armas, etc. Pero en la mayoría de países tenías sus propios métodos para aprender  de alguna forma a defenderse.

No digo que dentro de estos sistemas no tuviesen sus propios códigos éticos o normas que soliesen respetar. Reglas que de alguna forma te indicasen cuando era apropiado (moral o socialmente) usar lo aprendido. Lo que quiero decir es que todos sus movimientos y técnicas que se practicaban tenían un mismo objetivo; la efectividad en combate.

Algunos de estos sistemas fueron evolucionando hasta crear auténticos «artes» en el estudio del comportamiento del ser humano en situaciones de pelea, ya fuese con armas a con mano vacía. Imaginaos el poder que podía otorgar a una persona dominar este tipo de conocimientos. Por ello es fácil imaginar que no se transmitiría de forma muy abierta y se escogería con cuidado a quien enseñar o no.

Pero con la aparición de las armas de fuego todo cambia. A medida que estas se van desarrollando y extendiendo, las antiguas técnicas de las que hemos hablado dejaron de tener sentido. Ya no tenían utilidad; ya habían perdido su razón de ser. Dependiendo del ámbito en el que fueran usadas, fueron dejando de ser útiles. Con el paso del tiempo y la evolución de las armas de fuego, muchas de ellas dejaron de practicarse cayendo en el olvido y perdiéndose sus conocimientos; ¡su entrenamiento era un pérdida de tiempo!

Evidentemente esto pasó en todo el mundo. En algunos lugares, parte de estas técnicas sobrevivieron porque se transformaron en una especie de juego o competición, regulada de alguna forma en la que el objetivo final ya no era herir o matar al adversario. Podríamos decir, que esto fue el inicio de lo que hoy conocemos como «deportes de contacto».

En oriente, y por ende, también en China, ocurrió lo mismo. Las arte marciales que durante siglos fueron desarrollándose para ser efectivas en los diferentes ámbitos de combate, dejaron de ser útiles. Aquello que antaño era un preciado conocimiento, ahora no servía para casi nada.

A finales del siglo XIX y principios del XX, algunos de los maestros de estos centenarios sistemas de pelea, eran conocedores de esto. Sabían que era cuestión de tiempo que sus propios estilos desapareciesen como ya lo habían hecho tantos otros. Pero se no se resignaron a que tanto conocimiento, muchas veces transmitido en el seno familiar, desapareciese. Y de una forma más o menos consciente decidieron darles una nueva utilidad.

Aquello que antes se utilizaba con una única finalidad, podía ser válido para otros propósitos. La práctica de estos antiguos sistemas exigía de un entrenamiento y preparación que, con algunos cambios, podían ser muy beneficiosos para la salud del practicante. Ellos sabían que sus estilos aportaban buena forma física, una forma efectiva de moverse y utilizar su cuerpo, además de valores como el sacrificio, la tenacidad, la voluntad, etc. Y muchos de ellos decidieron apostar por ahí. Sabían que la supervivencia de sus sistemas pasaba por su popularidad y porque la gente quisiese practicarlos. Pero para ello tenían que cambiar algunas cosas; priorizar  los beneficios que nos podían aportar, sobre todo a nivel de salud, y dejar en un plano secundario el aspecto marcial.

Así es como muchas artes orientas de guerra cambiaron a «caminos de vida». En Japón. el antiguo karate se convirtió en karate-do, el ju-jitsu en judo. En Corea, aunque algo más tarde se codificó el Taekwondo, y en China muchos sistemas de wushu cambiaron su forma de transmitirse, incluso cambiaron o modificaron algunos de sus movimientos y técnicas con el fin de hacerlos más accesible. En algunos casos, las antiguas técnicas siguieron enseñándose a un grupo muy reducido de practicantes, pero para el gran público los estilos mutaron principalmente  en un sistema de salud y desarrollo personal.

De alguna forma, estos cambios les ayudaron a sobrevivir, a no desaparecer, aunque perdieran parte de su esencia. Y así es como nos han llegado hasta nuestros días. En la actualidad, existe un creciente interés por recuperar esos conocimientos perdidos. Aunque, afortunadamente y por esta parte del mundo, nuestra supervivencia no depende de nuestra habilidad en las técnicas de lucha, mucha gente quiere practicar artes marciales chinas con el mayor realismo posible, y buscando la efectividad. Ahí es donde nos damos cuenta de la realidad; muchas de las técnicas que aprendemos no funcionan. Les falta, o les sobra algo para que sean efectivas. Fueron modificadas para hacerlas más accesibles. Necesitan de una explicación o pequeña modificación para poder ser usadas. Pero a veces nadie nos puede dar esos detalles. Hace ya varias generaciones que se modificaron y ya nadie (o casi nadie) conoce como eran originalmente, como se aplicaban.

Es entonces cuando desde algunos sectores se critican estas artes marciales.  A los maestros que las modificaron y a los maestros que las enseñan en la actualidad. No son capaces de entender, que gracias a estos Maestros que a principios del siglo XX modificaron e hicieron más accesible sus sistemas, estos no desaparecieron, como sí lo hicieron la mayoría de artes marciales occidentales. Se perdió parte de su esencia, si. Es indudable. Pero sobrevivieron. Aspectos como la Revolución Cultural, periodo en el que fueron perseguidas y prohibidas, tampoco ayudaron a su difusión. Pero ese es otro tema…

 La cuestión es que, al menos para mí, las artes marciales chinas (wushu), son un auténtico tesoro que gracias la esfuerzo de muchas generaciones y maestros han sobrevivido hasta nuestros días. Son una herencia cultural, un método de desarrollo personal y si buscamos, un efectivo sistema de lucha. Y como tal, las tenemos que valorar. No pueden ser juzgadas solo como arte de guerra. Ya no lo son. Son algo más. Es nuestra labor, como apasionados del wushu, estudiar e intentar recuperar esa esencia que se perdió, o por lo menos, intentar que lo que nos ha llegado hasta nosotros no se pierda.

Como en todos los ámbitos, las cosas se pueden hacer mejor o peor. Los cambios que se hicieron en las antiguas artes, en ocasiones fueron más acertados y en otras menos. Hay gente que enseña con honestidad, y otros que pretender ser lo que ya no son. Cada uno debe escoger a quién quiere seguir. Me parece genial estudiar los sistemas, buscar su esencia y recuperar la finalidad con la que fueron creados. Aunque nunca podamos practicarlos, por suerte, como fueron creados. En eso estoy.

Pero me parece injusto criticar a los principales maestros actuales de los diferente estilos tradicionales exclusivamente por su habilidad en un ring. No entrenan para ello. Su misión es enseñar y transmitir unos conocimientos con siglos de antiguedad. Adaptarlo y estructurarlo para poder enseñarlo en la actualidad., que en ocasiones no es fácil.  No podemos compararlos con una persona que se dedica exclusivamente a pelear en un ring. Es como poner en una carrera de 100 metros a Usain Bolt y a un entrenador de atletismo,por bueno que este sea. ¿Quién ganaría? Eso está claro. Pero, ¿quién es mejor? Pues ni mejor, ni peor, cada uno tiene su misión y objetivo y los dos están muy bien. Pero no se pueden comparar. Pues lo mismo, con las artes marciales.

Como decía antes, otra cosa es que la transmisión del wushu se puede hacer con mayor o menor acierto. Con mayor o menor honestidad. Allá cada uno…

 

Jose Beneyto-Instructor y apasionado de las artes marciales chinas

Autor del libro «Lohan Chi kung. Tesoro para la salud»

 

 

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